Vampiresa de flores malignas
Nunca sé mi motivación, las cosas explotan en mi cabeza y van a parar en mis manos frente al teclado.
Allá voy.

Cuando eras niña, seguramente, habrás tenido sueños brillantes y escarchados. Sueños de princesas, de palacios y de corceles negros con príncipes celestialmente hermosos. Sueños de grande, de bailarina de ballet, de ejecutiva, de hada madrina, de bruja o yo qué sé.
Todas soñamos, siempre que podemos, siempre que tenemos tiempo o ganas, siempre que algo nos empuja a mirar más allá de lo evidente (estilo Leon-O), siempre soñamos.
Quise ser vampiresa, quise ser conquistadora, quise ser como Nikkita... hasta que lo conocí a él y mis pies dieron contra el suelo, salpicando barro de la ciénaga, y golpeando brutalmente mis tímpanos como si algo dentro de mi propio cuerpo gritara.
Esa vocecita a la que había silenciado hace ya un tiempo bastante prolongado porque supe que no me resultaba "divertido" escucharla, ésa... gritaba. No me resultaba divertido, ni dinámico ni aventurero escucharla. Por su culpa estaba como estaba, por su culpa estaba tan aburrida, por su culpa tanto me tapaba, me hacía invisible.
"La mujer, entre tanto, de su boca de fresa
Retorciéndose como una sierpe entre brasas
Y amasando sus senos sobre el duro corsé,
Decía estas palabras impregnadas de almizcle:
«Son húmedos mis labios y la ciencia conozco
De perder en el fondo de un lecho la conciencia,
Seco todas las lágrimas en mis senos triunfales.
Y hago reír a los viejos con infantiles risas.
Para quien me contempla desvelada y desnuda
Reemplazo al sol, la luna, al cielo y las estrellas.
Yo soy, mi caro sabio, tan docta en los deleites,
Cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidos
O cuando a los mordiscos abandono mi busto,
Tímida y libertina y frágil y robusta,
Que en esos cobertores que de emoción se rinden,
Impotentes los ángeles se perdieran por mí.»
Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
y muy lánguidamente me volvía hacia ella
A fin de devolverle un beso, sólo vi
Rebosante de pus, un odre pegajoso.
Yo cerré los dos ojos con helado terror
y cuando quise abrirlos a aquella claridad,
A mi lado, en lugar del fuerte maniquí
Que parecía haber hecho provisión de mi sangre,
En confusión chocaban pedazos de esqueleto
De los cuales se alzaban chirridos de veleta
O de cartel, al cabo de un vástago de hierro,
Que balancea el viento en las noches de invierno."

Le agradezco, porque me siento segura conmigo. Le agradezco porque tengo un tesoro en mí, en mis ideas, en mis pasos, en mis manos, porque me siento un tesoro.
Tanto control me hace sentir orgullosa de mi humanidad.

