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Trabajo... ¿necesidad u obligación?

por Mari3L
domingo, 16 de marzo del 2008 a las 07:11
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                                                                                                                                                                          Romy Palacios Díaz  (Docente)

 

Un alumno en la universidad, o en el colegio secundario, trabaja. Pero, de seguro no conoce que lo que hace es trabajo. Eso nos sucede a todos, no entendemos qué es trabajar ni cuál es la razón por la que lo hacemos. Muchas veces, creemos que solo trabajan los que tienen una profesión o los que son mayores de edad,  o las personas que se ven obligadas a ganar dinero para mantenerse. Eso para nosotros es trabajo, el hecho de TENER QUE mantenerse trabajando. De esa situación problemática nació el presente estudio:

 

¿Es el trabajo una necesidad o una obligación?

 

Lo que quise saber es si trabajamos para vivir o vivimos para trabajar, y creí que sería fácil responder. Creí sinceramente que la respuesta a mi problema sería sumamente sencilla y rápida. Luego de documentarme, caí en la cuenta de que todo lo que se relacione con el ser humano es complicado.

Pretendo, entonces:

v      Definir al trabajo desde el punto de vista ético-filosófico

v      Explicar la verdadera razón por la que el hombre trabaja

 

Un anhelo muy grande de este trabajo, y en el que radica su importancia, es el de ser un vehículo de servicio. El hecho de explicar qué es en realidad el trabajo, por qué se trabaja (la  verdadera razón por la que se realiza esta actividad) y qué importancia tiene el trabajo para uno mismo, como persona y profesional, será como un ancla del quehacer profesional.

Y bien, el trabajo, ¿qué es?, ¿cómo lo definimos?

En Economía, trabajo es la actividad productiva que se realiza, por lo general, a cambio de un salario. Es uno de los factores de la producción y es la medida del esfuerzo hecho por seres humanos. En palabras sencillas, el trabajo es una actividad humana destinada a satisfacer una necesidad material con unos recursos limitados. Como toda actividad, el trabajo, está orientado a conseguir un fin. Requiere esfuerzo físico o mental necesario para transformar las materias primas en riqueza.

 

En el ámbito social, debemos reconocer que el trabajo es elemental, porque la propia constitución de la humanidad como especie social está vinculada al desarrollo de relaciones cooperativas en el trabajo (Wikipedia).

Según Borrajo (2002), el trabajo es entendido por estas diferentes acepciones:

ü     Trabajo como “obra” o “producto”, se refiere a la cosa elaborada o a un resultado en concreto.

ü     Trabajo como “actividad”. Es la simple prestación de servicios considerada en sí misma y no en su resultado materializado.

ü     Como “empleo” es la colocación del trabajador.

ü     Como factor de producción.

ü     Como clase social o agrupación de trabajadores.

 

En el Derecho, el trabajo es una relación social como un bien que puede ser aprovechado por una persona distinta del propio sujeto trabajador; cuando el trabajo se configura como una actividad humana socialmente útil (Borrajo, 2002).

 

El trabajo, pues, supone un quehacer humano, una especie de comunicación inteligente del hombre con las cosas y el mundo, en la que imprime como un sello representativo de su personalidad (Canal social – Enciclopedia GER, 1991).

 

Definición ético – filosófica del trabajo

El trabajo es, según Wanjiru (1999):

(1)   Una actividad humana,

(2)  Hecha con fatiga y esfuerzo,

(3)  De servicio

(4)  Una cosa factible y,

(5)  Un proceso que tiene un resultado.

El trabajo es proceso y, también resultado que requiere del que trabaja una actividad con esfuerzo y atendiendo a algo. De los términos que definen al trabajo: aplicarse, obligarse u ocuparse, se deduce la intencionalidad del mismo, como disposición previa a la realización del trabajo y voluntariedad para hacerlo.

Trabajo es una actividad o cualquiera que se relacione con un fin presupuesto. Choza (citado por Wanjiru, 1999), define al trabajo como una actividad humana que transforma lo externo. Una actividad es humana cuando el sujeto busca un fin y comprende el sentido de la acción. De este modo, comprende fin y sentido de la acción.

Se define también el trabajo como “una actividad del hombre dirigida a realizar un valor exigido, sea de carácter económico, sea de carácter espiritual o intelectual” (Wanjiru, 1999).

 

En cuanto al significado del trabajo, el concepto de trabajo muestra algunos subconceptos, como son: esfuerzo, fatiga y fin. Choza (en Wanjiru, 1999) dice que en filosofía griega la actividad consciente del hombre se divide en dos tipos: praxis y pöiesis.

 

Cuando se es feliz en el trabajo, se debe al fin presupuesto. El trabajo nace del hombre y de su naturaleza, nace de la condición desiderativa de las potencias operativas humanas.

 

Por otro lado, y para darle consistencia a los antes expuesto, Melendo (1992) señala que no es posible sostener que en sentido estricto solo se debe llamar trabajo a las operaciones humanas cuyo fruto inmediato sea una obra externa. Por ello, no será lícito afirmar que la concepción más amplia del trabajo alude a toda actividad humana. ¿Por qué? Simplemente porque si decimos que toda acción humana es trabajo, estaríamos afirmando que nada es realmente trabajo. En conclusión, debemos recordar que el trabajo tiene dos objetivos supremos:

(1)   El servicio a los demás como meta de nuestra labor y,

(2)  El propio perfeccionamiento como consecuencia.

 

De modo tal que, en síntesis, la definición operativa del trabajo humano es la descripción que delimita el conjunto de actividades susceptibles de ser contenidas por la denominación de faena laboral. En sentido amplio, se pueden hacer tres observaciones sobre el trabajo:

a)   Una actividad habrá de considerarse trabajo en la medida en que se adecue a un número mayor de notas que componen la definición propuesta. Estas notas son:

(1)   actividad propiamente humana,

(2)  realizada con esfuerzo,

(3)  necesaria como medio y técnicamente calificable

(4)  que contribuye a la promoción del bien común y

(5)  perfecciona al que la lleva a cabo

 

b)   Algunas notas parecen más íntimamente constitutivas del trabajo y podríamos decir que son rasgos más esenciales del trabajo en su cabal naturaleza de actividad plenamente humana, su efectiva contribución al bien común y su función perfectiva de la persona que lo realiza.

 

Cabe considerar como “trabajo”, tanto el que se realiza en la vida teórica, como en la técnica-artística, e incluso en la estrictamente moral. Encadenar juicios es un trabajo de la mente, por lo tanto, lo que ha de hacer la mente para alcanzar dicha verdad es trabajo. Se puede decir que en la acción teórica o intelectual hay trabajo (Wanjiru, 1999).

Finalmente, una actividad entrará en categoría de trabajo en la medida que cumpla con mayor perfección las cinco notas anteriores. Cualquier operación del hombre a la que falte alguno de los caracteres mencionados no constituirá un trabajo dotado de dignidad intrínseca.

El trabajo que cumple con las cinco notas es el auténtico trabajo dignificador, el trabajo honrado y propiamente personal, el trabajo realizado acabadamente, el buen trabajo. El trabajo que puede llevar al hombre a su plenitud en cuanto hombre.

 

Características del trabajo

Borrajo (2002) plantea las siguientes características:

ü     Actividad humana: toda acción consciente, como el trabajo, se hace conforme a un plan.

ü     Esfuerzo productivo: la nota más característica del trabajo. Primero, porque el hombre vive en un mundo natural y para él las cosas naturales son bienes a medio hacer, que solo alcanzan y entregan su bondad o utilidad si son manipulados. Segundo, esta actividad de transformación es el trabajo:

§        La productividad del trabajo es independiente del título jurídico por virtud del cual se realiza.

§        No se puede confundir la productividad del trabajo y la ventaja económica que se puede obtener. El trabajo gratuito no deja de ser trabajo.

§        El trabajo comprende actos de transformación física así como servicios de satisfacción personal. J. B. Say dijo: “es productivo todo trabajo creador de utilidad”.

En resumen, todo esfuerzo es productivo si es creador de utilidades o cuando participa indirectamente en la creación de utilidad.

ü     Voluntariedad: no es una nota esencial, pero es un requisito normativo. Se considera alcanzada jurídicamente aunque el trabajo aparezca como una actividad urgida o necesaria.

§        El trabajo es un factor necesario de la vida humana. Sin trabajo, la vida humana es imposible.

§        Hay que trabajar para vivir, pero ese trabajo puede ser visto como libre; basta con que la obligación de prestar servicio cuente con el consentimiento en el sujeto trabajador.

ü     Libertad profesional: el trabajo debe respetar la libertad profesional.

§        En el trabajo queda implicado el hombre con toda su personalidad, y disponer sobre el trabajo sería tanto como disponer de la propia persona, por ser libre.

§        El trabajo es un esfuerzo fatigoso. Esta fatiga tiene dos causas: (1) la propia resistencia de las cosas para dar su utilidad, y (2) la propia naturaleza del trabajo como factor de producción.

La diferencia entre el trabajo como actividad útil y el deporte o el juego radica en que el primero se dirige a una finalidad fuera de la propia actividad, mientras el segundo se agota en sí mismo.

 

Borrajo (2002) señala que Aristóteles dijo: “él trabaja para no trabajar”. Esto quiere decir que se trabaja para alcanzar los medios con los cuales realizar su vocación personal. Ésta le da sentido al trabajo y debe ser libre, responder al gusto o preferencia a la cual el hombre se siente llamado (una profesión).

 

Naturaleza del trabajo

Según Melendo (1992), lo que otorga la nobleza genérica al trabajo humano es su condición de actividad plenamente personal: constituir el ejercicio operativo de una persona que actúa como persona.

En la persona y en su dignidad pueden distinguirse dos elementos constitutivos: (1) el acto personal de ser, que le confiere su nobleza inicial y (2) la relación amorosa siempre creciente que completa y concluye la excelencia principiada en la creación.

La grandeza primigenia del trabajo humano deriva del valor irrenunciable del ser personal del hombre. Esa misma eminencia solo se consuma cuando el trabajo es acogido bajo la manifestación más eximia de ese mismo ser: cuando TRABAJA POR AMOR.

El trabajo es una operación consciente de un ser personal porque perfecciona a su sujeto en la medida en que resulte englobada por el amor al absoluto y será compatible con la contemplación” (Melendo, 1992).

 

Finalidad del trabajo

Una actividad humana puede tener un fin externo a sí misma de dos maneras: (1) porque dependa de un fin presupuesto: apropiación y, (2) porque quiera poner fin, esto es, producir o expresar algo nuevo.

En una actividad humana, el sujeto se propone el fin y comprende el sentido del fin y de los medios. Ese comprender y el acto desiderativo  (esto es, desear el fin) constituyen la acción humana. Aunque el fin de la actividad externa sea producción y apropiación, ninguna de esas dos cosas son razón suficiente para el trabajo. El trabajo es medial. El significado final del trabajo debe estar en algo que trascienda el proceso (Wanjiru, 1999).

 

Existen tres teorías, a lo menos, de la finalidad del trabajo:

(1)   la liberación de las alienaciones por medio del dominio de la naturaleza,

(2)  La postura de Aristóteles que dice que trabajar no tiene ningún significado más que el de la supervivencia y hacerlo es pretexto para no caer en el ocio;

(3)  Por último, Choza manifiesta que el hombre se autorrealiza a través de la acción práctica. Esta corre por cuenta de la inteligencia y de la voluntad.

 

Explicaremos esta postura de Choza (en Wanjiru, 1999):

1° La inteligencia: en su actividad se dirige exclusivamente a su objeto, la verdad, como un fin, y se detiene en ella en pura contemplación; ya que la inteligencia capta el ser extramental sin construir el objeto de su conocimiento. Pero el conocimiento práctico no termina en el puro conocer, sino en la acción que produce o logra el objeto a la cual se dirige.

2° La voluntad: se dirige hacia la consecución del bien o fin, como facultad práctica. Distinguen la actividad ética y la artística en el sentido aristotélico. El logro de la perfección o bien-hacer, la actividad práctica estrictamente, se dirige a la búsqueda de la perfección del obrar, la consecución del fin final del hombre. Parece existir una unilateralidad en los puntos de vista clásico y moderno: “la diferencia principal está sólo en que Aristóteles pone más énfasis en las virtudes dianoéticas (intelectuales) y en las éticas (morales) mientras que la filosofía moderna pone el énfasis sobre las dianoéticas y en las virtudes técnicas o artísticas, es decir, pone el énfasis en el conocimiento para el trabajo, y el trabajo para la producción sin más”.

En mi opinión, más allá de esto, se encuentran los fines que propone Melendo (1992). Estos son:

      Proporcionarnos bienes y servicios necesarios y útiles.

     Permitirnos a todos utilizar y perfeccionar, como buenos administradores, nuestros talentos naturales.

     Hacerlo sirviendo a los demás y cooperando con ellos para liberarnos de nuestro innato egocentrismo.

 

El dominio efectivo sobre la naturaleza infrapersonal, realizado por el trabajo, confiere al hombre un suplemento de dignidad. A través del trabajo hecho por amor, el hombre: (1) incrementa su dignidad (se perfecciona a sí mismo), (2) contribuye a la conquista de la perfección de los demás y, (3) conquista la naturaleza por medio de sus faenas laborales (Melendo, 1992).

 

Trabajo y realización de la persona

Para Colom y Wurmser (1995), la acción humana es a la vez transitiva y no transitiva. Es transitiva en cuanto que va más allá del sujeto, buscando una expresión o un efecto en el mundo externo, y es intransitiva cuando permanece en el sujeto y determina su cualidad y valor. El hombre, obrando, no solo realiza cualquier acción sino que en cierto modo se realiza a sí mismo.

 
   


El trabajo es posible en la medida que el hombre ya existe, porque el hombre tiene como prioridad metafísica la praxis, dado que decide sobre ella. El hombre preexiste ontológicamente a la acción, pero se realiza en ella; en la praxis (el trabajo) el hombre encuentra un lugar de realización de lo humano de su ser. Por el trabajo, el hombre modifica el medio exterior y lo adapta a sus exigencias; del mismo modo se modifica, crece su humanidad.

El efecto objetivo de la praxis es dominar la naturaleza y transformarla. Este efecto reobra sobre el hombre, lo cambia y lo hace más auténticamente hombre (Colom y Wurmser, 1995).

 

La ejecución de la acción lleva a la realización, ESTO SIGNIFICA que la realización no se identifica con la operatividad: realizar una acción no supone solo ser autor sino autodeterminarse. El hombre es, a la vez, autor del acto y se realiza a través de él. Pero ¿qué significa realizarse? Realizarse es actualizar o llevar a la plenitud correspondiente la estructura del hombre que le es característica por su personalidad y por el hecho de que ES ALGUIEN. El hombre tiene como estructura el AUTOGOBIERNO y la AUTOPOSESIÓN (Colom y Wurmser, 1995).

La realización como persona implica la plenitud óntica que es SER BUENO EN CUANTO HOMBRE. En ello también descansa la dimensión ética del desarrollo de la persona en sus acciones.

La acción contribuye a la autorrealización de la persona, a su enriquecimiento espiritual. El obrar humano permite comprender en un modo más completo la persona, la cual ciertamente es anterior al obrar (Colom y Wurmser, 1995).

El obrar sigue al ser, se afirma tradicionalmente, pero Karol Wojtyla (en Colom y Wurmser, 1995) nos dice que no solo se debe pasar del ser al obrar sino que puede hacerse a la inversa. Nuestro conocimiento del sujeto se forma por medio de la experiencia y de la comprensión del obrar, es decir, del hecho y por el modo de actuar de éste .

El trabajo es una actividad específicamente humana como acto de la persona y como lugar de su autorrealización. Ahora, la participación es la personalización de las relaciones entre los hombres. Por eso es que mediante el trabajo se desarrolla la intersubjetividad, tanto relacionada con uno mismo como con los semejantes.

 

El trabajo y la santificación

El aspecto espiritual del ser humano se está perdiendo progresivamente en todos los ámbitos de su vida, incluso en el que mayores posibilidades de interacción le brinda: el trabajo. Nuestra sociedad consumista, hedonista, permisiva... en fin, relativista, nos impulsa a evaluar y apreciar a los demás por lo que saben hacer o por lo que tienen.  Hace un tiempo, quizá cuando tenía 12 años, un canal de televisión por cable transmitía un programa llamado “La computadora del tiempo” y entre las cosas que recuerdo de él está el lema del protagonista, un muchacho sumamente inteligente y experto en el manejo de la tecnología: CIENCIA ES POTENCIA, CONOCIMIENTO ES PODER.

Cabe preguntarse si el progreso personal de un hombre, ¿tendrá lugar al mismo ritmo que el progreso de los medios tecnológicos? Es decir, ¿la dignidad del hombre podrá ser evaluada por lo que sabe hacer, por el uso que hace de la tecnología o por lo que ha ganado al manipular perfectamente los medios tecnológicos que le obliga su trabajo?

NO debería ser así. El hombre es un valor en sí mismo, no por lo que hace o por lo que tiene, sino por lo que es. Por lo tanto, la acción nunca puede ser valorada justamente si se considera separada de la persona misma que la ejecuta (Colom y Wurmser, 1995).

Debemos tener en cuenta, como lo dice Rodríguez (1987), que hay una manera de que el hombre plasme su rostro espiritual al dominar la tierra: santificando cada uno el propio trabajo, santificándose en el trabajo y santificando a los otros en el trabajo.

El orden en que Josemaría Escrivá (en Rodríguez, 1987) expresa estas tres realidades es significativo; apunta a que la santidad personal y el apostolado no es algo que se alcanza mientras se trabaja, o con ocasión del trabajo, sino a través del trabajo. El trabajo es algo llamado a ser santificado por sí mismo.

Plasmar el rostro espiritual consiste en realizar con calidad humana y sobrenatural su trabajo (Rodríguez, 1987).

 

 

Hemos podido reconocer que el trabajo es una actividad netamente humana por la que el hombre es capaz de transformar y transformarse. Entonces, podemos decir junto con Colom y Wurmser (1995) que el hombre, obrando, no solo realiza cualquier acción sino que en cierto modo se realiza a sí mismo.

 

Señalaremos, además, recordando a Melendo (1992), que el trabajo es: (1) una actividad humana, (2) realizada con esfuerzo, (3) que es un medio necesario y calificable técnicamente, (4) que contribuye al bien común y (5) que perfecciona al trabajador.

 

Agregaremos, también, que la persona preexiste ontológicamente a su acción y se realiza a través de ella. La cultura observa este significado que emerge del interior mismo del trabajo como medio de realización del hombre. El hombre es antes que la acción, lo cual significa que el hombre no es hombre porque hace sino porque quiere hacer. Ese querer hacer lo perfecciona, lo hace más persona. El hombre construye cultura por medio del trabajo.

 

La cultura es la capacidad de amar, respetar y utilizar todas las cosas, cada una según la dignidad que le es propia. Karol Wojtyla (en Colom y Wurmser, 1995) dijo que la cultura debe ser vista como la manifestación de la significación del trabajo. El hombre que trabaja puede adoptar diversas actitudes en su relación con la naturaleza. La relación del hombre con la naturaleza, que se realiza por la actividad transformadora, no puede separarse de un momento contemplativo. La contemplación se encuentra en el corazón del trabajo. La base de la cultura está en una profunda admiración de la realidad que será transformada por acción humana.

 

Por ello, afirmamos que el trabajo además de realizar al hombre existencialmente, lo hace de modo que lo concilia con la naturaleza y revela su vocación de ser. Por el trabajo el hombre protege su vida de la muerte. El trabajo produce cosas que se consuman y no pueden sustraer la vida del hombre a su destino, que es consumirse. Lo que no se consume con el tiempo es el aspecto INTRANSITIVO del trabajo, lo que el hombre ha llegado a ser por el trabajo.

 

Schumacher (en Melendo, 1992) se pregunta ¿qué relación guarda el trabajo con el fin y propósito de la existencia del hombre?

 

En todas las auténticas doctrinas de la Humanidad se ha reconocido que todo ser humano nacido en el mundo tiene que trabajar no solamente para vivir, sino también para esforzarse por alcanzar su perfección. Para vivir necesitamos diversos bienes y servicios que no pueden obtenerse sin trabajar. Por otro lado, la perfección se consigue al “administrar” los bienes de Dios y para servir a los demás.

 

Por último, retomando la pregunta que originó estas reflexiones, ¿trabajamos por obligación o por necesidad?

Entendidas de buenas a primeras la obligación y la necesidad en el aspecto primitivo de supervivencia y manutención, no representan en nada a la motivación del hombre por trabajar.

El hombre trabaja por obligación y por necesidad, sí, pero no materiales. Trabaja por obligación y por necesidad espirituales.

Obligación, porque su naturaleza le empuja a buscar su perfección. Para poder perfeccionarse debe hacer, obrar, servir a los otros. Su propia existencia en la tierra le demanda la construcción de cultura que no es posible sin el trabajo. Entonces sí, es una obligación.

Una necesidad, porque sin el trabajo el hombre no llegaría a ser lo máximo que puede llegar a ser. El hombre necesita del trabajo para alcanzar su finalidad. Necesita trabajar para no perder de vista su propia dignidad. Una persona que no trabaja se sume en una profunda angustia y desesperación.

Como lo mencionan Colom y Wurmser (1995), el aspecto INTRANSITIVO del trabajo que uno realiza no se consume con el tiempo, lo que el hombre ha llegado a ser por el trabajo persiste luego de su muerte.

Entonces, el hombre alcanza su trascendencia por medio del trabajo bien hecho, es decir, intenta servir y amar al Bien Sumo y la Suma Verdad, intenta llegar a Dios.

 

..........................................................................................

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

ü      BORRAJO DACRUZ, Efrén (2002). Introducción al Derecho del Trabajo. 12° edición. Tecnos: Madrid.

ü      WANJIRU GICHURE, Christine (1999). La ética de la profesión docente. EUNSA: España.

ü      MELENDO, Tomás (1992). La dignidad del trabajo. Rialp, S.A.: Madrid.

ü      COLOM, Enrique y  WURMSER, Francis (1995). El trabajo en Juan Pablo II. Unión Editorial: Madrid.

ü      RODRÍGUEZ, Pedro (1987). Vocación, trabajo, contemplación.  EUNSA: Pamplona (España).

ü      ESCRIVÁ DE BALAGUER, Josemaría (1989). Camino. 15° edición mexicana. Editora de Revistas, S.A. de C.V.: México.

ü      FUENTES DE INTERNET:

Ø         WIKIPEDIA, la enciclopedia libre. Artículos referidos al trabajo en las páginas:

§    www.es.wikipedia.org/wiki/trabajo

§    www.es.wikipedia.org/wiki/Trabajo_%28sociolog%C3%ADa%29

§    http://es.wikipedia.org/wiki/Trabajo_%28derecho%29

Ø         GOBIERNO DE ARAGÓN, ESPAÑA. Página de educación del Gobierno de Aragón: www.educa.aragob.es

Ø         FUNDACIÓN DE FORMACIÓN E EMPREGO. Página de Forem Galicia: www.foremgalicia.es/promoSI/Glosario.html

Ø         GRAN ENCICLOPEDIA RIALP GER (1991).  Editorial Rialp: España. En la página web de Canal Social: http://www.canalsocial.net/GER/busquedaav.asp

Comentarios

Me muero... no sé cómo pueden haber leído esto si tiene tan mal formato, amigos queridos.
No se esponjen que lo voy a acomodar, ok?
Algún momento, sí, en algún momento lo haré.

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