Ideas intrusas y algo más
"Tengo una teoría", me dijo con mucha seriedad, "pero temo que te rías si te la cuento". Yo más que reírme, quería aporrearle la cabeza... ¿a quién en su sano juicio se le ocurre hablar en medio de un examen de parasitología? ¿Y con la Sra. Maraniz que es el monstruo de la laguna en toda la extensión de la palabra?
"Teoría, teoría... deja ya de meterte en vidas ajenas y resuelve ese bendito examen antes de que se fije Maraniz", fue lo que alcancé a bociferar entre dientes a mi muy adorado amiguito. Ya veo cómo es que muchos piensan que tengo paciencia de Job. A veces, lo sé, lo sé, es bastante inoportuno. La cuestión que lo tenía meditabundo ese día exacto era la del papelito delator. Ese papelito, ese papelito. ¿Cómo demonios llegó ese miserable papel a mis manos? Quien haya sido el culpable primigenio se las verá conmigo, oh, sí, se las verá conmigo y mi ira desmedida... detesto que me digan las cosas así, tan cobardemente... y para colmo, sin nombre... digo, qué esperaban ver... mi reacción... pero cómo reaccionaría alguien, creo que reaccioné como cualquiera... es que sin nombre... ¿a quién le gritaría?
"¿Acaso no vas a escuchar mi teoría, mujer?", me dice el muy impertinente. "Que no, que no... nos jala la monstrua!!!", pero nada de callarse. "Me prometes que me escucharás al final de este martirio, porque si no te sigo fregando la paciencia". "Hombre, ya. Al final, pero ya déjame hacer esto, ¿sí?", le rogué con voz de llanto y entre dientes, lo cual debe haber sonado mucho más deprimente y miserable que de cualquier otra manera.
Al final, cerró el hocico. Ya me había distraído tanto que no sabía ni qué había puesto en la pregunta 15. La cosa es que con tanto estrés pretraumático y postraumático (por el examen), al salir me fui corriendo al baño... me orinaba de los nervios, y con el frío y el entumecimiento... No sé cómo terminé las 30 preguntas.
Salgo del toilet y Memo ahí parado, jugando con el celular mientras espera. Hombrecito para gustarle los juegos de celular... tremendo vicioso. "Mujer, hasta que por fin te dignas salir", "Pues sí, había cola, así que no molestes".
Comenzó con la teoría del rechazo, y que yo le tengo miedo al amor y que por qué reaccioné así, que seguro el chico que mandó el papel ya se asustó, que me voy a quedar sola si sigo con esa actitud. "Pero, oye... si me va a decir, yo hubiera preferido que me lo diga de frente, que se acerque después de clase y me invite algo o me diga mira quiero hablar contigo... no que me mande un papel que ha pasado por las manos de sabe Dios cuánta gente y para colmo sin decirme quién es", le dije de una sola casi sin respirar.
"Bueno, en eso tienes razón", me dijo, "pero deberías tratar de comprender a los chicos que se interesan por ti. Eres un poco atemorizante. Tienes un carácter fuerte, eres bastante independiente, y quizá eso los pone nerviosos a muchos". Lo escuché con algo de interés, porque esa parte de la historia era algo más bien cierto. Me siguió hablando en esos términos, diciéndome que siempre me veo como muy segura, como si no necesitara de nadie para absolutamente nada, como si el querer o el amar fueran cosas demasiado triviales para mí. Eso me hizo sentir tan triste, tan sola, tan frágil... y él lo notó automáticamente. "Te dije algo muy duro, ¿no? Perdona, pero en realidad me parece que deberías considerarlo". "No, no te disculpes... nunca lo había pensado con tanta claridad, pero creo que tienes razón... Doy la imagen equivocada, supongo que porque quiero evitar el sufrimiento y eso me termina haciendo sufrir más". Me puso el brazo sobre los hombros y como que me presionó contra su cuerpo. Fue una sensación reconfortante y extrañamente dulce y agradable. Amigos desde tiempos inmemoriales, era algo de lo que no me sorprendía... pero en esta ocasión fue algo muy raro. Mi corazón latió tan estruendosamente que tenía miedo de que gritara no me sueltes, por favor. No quería que me suelte, pero inevitablemente, pasó.
Llegamos a mi casa, pero no tenía ganas de quedarme, así que dejé mis cosas y le dije a mi mami que tenía que hacer un trabajo y que regresaba para la hora del almuerzo. Salí con él a seguir con la charla, a caminar por el centro y sentarnos a tomar un heladito de ron con pasas en Yummy. Me moría por tomarle la mano, de veras que sí. Y él caminaba como siempre, despreocupado, balanceando sus brazos, como si no estuviera yo allí. Un minuto, Olenka, un minuto... ¿¿¿en qué demonios estás pensando??? Cierto, en qué pensaba... nunca se me presentaron ideas de ese estilo antes. No, no... es sólo por lo que me ha dicho más temprano, es sólo que me ha tratado tan bien, que lo estoy apreciando más, es sólo eso.
"Y ahora qué quieres hacer", se volteó sin aviso previo y casi nos besamos de lo despistada que estaba y del choque que ocasioné por seguir avanzando tras él. Momento incómodo, momento de deseo resumido en nuestras miradas. Claro que lo noté, yo lo vi, vi algo en sus ojos que no era como ayer."Perdona, ay, lo siento", le dije, súper roja. "Tranquila, no pasa nada".
Después de eso, decidí que me calmaría y que todo volvería a la normalidad. Casi lo logro, pero es que nunca había reparado en su graciosa sonrisa y en su forma de pronunciar la palabra "tonta". Me reí de formas muy extrañas y lo miré de modos muy raros, como nunca antes lo había visto. Era como descubrir que a tu lado siempre estuvo lo que estuviste esperando y nunca te fijaste, hasta ahora.
En una de ésas le digo "Sabes que me encantaría, de verdad que sí, me encantaría saber quién fue el de la notita. Sólo para saber si podemos congeniar. Obvio le diría que para la próxima me lo diga de frente". "Ese ceño fruncido al recordar el bendito papel... mmmm, deja que te diga que puede quitarle la voluntad hasta al más valiente, ¡eh!"
Repetí tanto esa frase, repetí tanto que quería saber quién se había lanzado a mandarme papeles diciendo amarme que creo que lo molesté. No sé qué era lo que esperaba oír, pero esa idea me ha rondado la cabeza desde hace ya un mes... y nadie se atreve a decirme la verdad, ¿quién fue el autor de tan perturbadora nota?
El teléfono suena, es para mí. "La nota la escribí yo", y colgó la voz al otro lado de la línea.
No puedo creerlo.
Un mes de espera....

que no fue en vano.




Comentarios sobre Ideas intrusas y algo más
me gustó mucho lo que escribiste
me gustaría seguir leyendote
te mando un saludo
brooke
un besote mariel¡
Gracias a Brooke por las palabras tan halagadoras, espero que me sigas visitando y que te siga gustando lo que a veces suelto por acá. Beso y bienvenid@!
Mar!!! Bruja, qué linda visita, amiga. Ven más seguido, please!!!