Cánsate, pero ya!!!
- ¿Aló?
- Aló, hola, Marie. ¿Quieres que te pase a Gabito?
- ¿Aló? ¿Quién habla?
- Uchi... la vecina del 202... es que...
- Ah, hola... supongo que está ocupado. No hay problema, lo llamo luego.
Qué torpe, qué torpe soy, ¡Dios Santo! Si yo ya lo sabía. Virgen Santísima, ampárame para no perder más la razón. Quién me manda a hacer algo que juré no hacer más. Pero, claro... claro, es que tenía que saber cómo está. Y veo que está muy bien acompañado. Con la Uchi... ashhhh! Esa desgraciada con correas en vez de faldas.
- ¿Quién fue, Uchi?
- Era Mariane... pero creo que estaba molesta.
- ¡Carajo! ¿Y por qué no me la pasaste? Acaso no te fijaste en el identificador de llamadas del celular... carajo!
- Perdón, es que te vi ocupado con esa cosa... pensé que no habría problema.
- Bueno... esto ya está. Nos vemos. Esta chiquilla me trae problemas siempre... Y ahora cómo arreglo esto? No hice más que ir a la casa de la niña esta para acomodarle un desperfecto... No, no... si le digo esto me va a preguntar qué fue y le voy a decir que el baño y la tubería... va a pensar que la engaño... ay, carambas... Y por último, ella y yo terminamos hace unas horas, así que técnicamente no hay roche.
- Disculpa, es que no sabía que te ibas a poner así... yo sólo quería ayudar.
- Bueno, bueno, no te preocupes... Ya me las arreglaré.
- Oye- le eché una de esas miradas que bien sé y me di cuenta, sin mala intención, de que mi faldita estaba muy alta- uy, mi falda... perdona, que vergüenza... nos vemos- cierro la puerta, qué risa la cara que me puso.
Ay, ayayay... esta mujercita se las sabe todas. Qué piernas, papá... Si no estuviera pensando en Marie, me quedaba de por vida a vivir bajo sus piernas, sus bragas y sus falditas...
Bueno... creo que necesitaba escuchar a la pendeja esa para sentirme mejor. Estoy en lo correcto, estoy en lo correcto... No hay futuro con Gabriel... Caras bonitas, piernas torneadas y bustos turgentes... con eso él tiene para vivir. Y si una se le fue, mil y un que llegarán. Filosofía de donjuán. Si yo ya lo sabía, ya lo sabía. Pendejo, este... Es que no me canso de ser una gansa... Cánsate, mi amor, cánsate del complejo de zuela, de alfombra, de tapete.
Cánsate, pero ya.
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- ¿Me perdonas?
- Ay, hablamos otro día, ¿te parece? Estoy ocupada...
En un restaurante, con unos amigos y con una perspectiva fantástica en la esquina extrema de la barra. Ése que no dejaba de guiñarle el ojo... grrr, miraditas misteriosas que yo también sé.
- No te preocupes, que yo también sé divertirme, Gabo.




